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16 ene. 2010




La luna ilumina con su suave luz la proa del barco, intento recordar la última vez que pude respirar el aroma de mi amado "mare nostrum" y la nostalgia me invade...



Serian finales de verano cuando desembarque en Cartago, una ciudad llena de vida, llena de muerte también.


El causante de que yo, a mis años, estuviera tan lejos de mi casa, de Roma, era mi bienamado tío Servio Tulio, Rey de Roma y su embajador de paz. Este último tuvo la ocurrencia de morirse en una de las fiestas que yo celebraba en casa de mi familia. Seria largo describir los problemas que tuve para ocultar esta muerte al senado, tras numerosas intrigas me llevó a "interpretar" el papel de embajador de Roma para con Cartago, sin saber nada de su cultura ni de su lengua.



Fue divertido como me robaron, pegaron, humillaron y otras cosas que no diré, pero tras estos primeros días me adapte bastante bien. La vida me sonreía. Gracias a la posición que tenía mi familia y a mi cargo de embajador, empecé a llamar la atención de "alguien”, me sentía observado y más de una vez tras la borrachera diaria, ya de camino a casa, me pareció ver a una mujer siguiéndome, acechándome.


Pasaron unos dos años de desenfreno, probando todo aquello que mi cuerpo era capaz de aguantar, hasta aquella noche que abrí los ojos para ver que estaba junto a la mujer misteriosa. No sé como llegue a mi casa, ni como entro ella, pero me sentía mas vivo que nunca. Desayune como un condenado el día de su destino y descorche no menos de tres ánforas de vino de Sicilia, pero algo no iba bien la embriaguez no me llegaba y la sed iba aumentando, además dentro de mis entrañas el desayuno danzaba un baile exótico en continuo crescendo... y luego oscuridad...


Gritos agudos, gritos... me desperté frente a los cadáveres desangrados de mis criados y con las manos llenas de sangre, restos de lucha por toda la casa, volvía a tener un problema gordo y ni sabía que había hecho esta vez, pero si sabía lo que tenía que hacer ahora...



Las llamas devoraban rápidamente lo que había sido mi casa, los sirvientes colocados en sus camas, como si hubieran sido atrapados por el humo antes de poder despertarse, todo controlado. Solo tenía que salir, ir a beber y fingir sorpresa al volver a casa, un plan perfecto, casi perfecto.


La sensación del sol en la cara, eso quería sentir al saltar por la ventana a la callejuela de detrás de mi casa, calor abrasador y dolor recibí nada más tocar el suelo, las manos empezaron a arder y esta vez era yo el que gritaba. Enloquecido por el dolor atravesé la puerta de mi casa entrando en un infierno de llamas y de nuevo oscuridad...



Las siguientes noches las pase junto ella que descubrí era mi sire, recuperándome y aprendiendo mis nuevos límites y capacidades, ella me aleccionó en diversas tareas desconocidas hasta el momento para mí. Incluyendo hacer mi trabajo, el cual tras el asesinato de mi tío, tuve que hacer desde una distancia segura. En este tiempo tuve que hacer numerosos viajes al puerto de ostia, en donde trabe amistad con otro vampiro Messala, ligado al comercio tanto de bienes, como de información e hicimos una fortuna o al menos yo sí.



Han ido pasando los años y no fue sino hasta este año que por fin se ha firmado el tratado marítimo con Roma, sobre los límites de ambas ciudades en el mar. Lo que me lleva a visitar de nuevo a Messala y darle las buenas nuevas, gracias al tratado tendremos paso seguro para los barcos mercantes y eso hay que "celebrarlo". De hecho creo que ya es hora de volver a mí amada ciudad y de ver, que queda de todo por lo que mi amado tío lucho, derechos para los pobres, mejoras para las clases bajas contra los patricios... Parece raro que esos asuntos, que antes me aburrían, ahora se me hagan tan importantes... tal vez estoy madurando ahora que no envejezco, no lo sé, pero tengo poder para hacer algo más que fiestas, aunque es lo único que sepa hacer, de momento…



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